Además de para llorar la cebolla…..

Pongamos que se llama “Alfonso”.

Alfonso, es un paciente colaborador con todo lo que se mueve, con 76 años ha tenido una vida dilatada, difícil para sacar a dos hijos adelante.

Vino a estas tierras desde las suyas de muy joven y haciendo buena la fama de sus orígenes, sigue teniendo el mismo acento.

Ha sido currante con pluriempleo, entre las que destaca su oficio de contrabandista, pero también vendió bocadillos a la puerta de los cines.

Se adaptó bien al mundo de las sociedades de hombres, que por aquí son las equivalentes a las peñas de otros lugares.

Hace dos años tomó la decisión de que en su casa, de aquellas “sindicales” del antiguo régimen, no tenía ascensor y que ya cumpliendo los años le convenía contar con el artilugio, así que se cambió de casa y la nueva queda a cierta distancia relativa de su sociedad.

Entre que dejaba la suya y entraba en la nueva se fue a la casa de su pueblo, pero fue víctima de un accidente doméstico, con el resultado de una fractura abierta de tobillo que requirió la correspondiente reducción quirúrgica.

Lo que hubiera pensado que en Alfonso sería un tremendo contratiempo para acudir a su sociedad, casi residencia de todos sus amigos y que le ayudaría a incorporarse a su vida anterior no resultó así. Progresivamente observé que le costaba cada vez más salir de casa, en principio lo atribuí a la distancia, pero aprecié que lo notaba más triste, mas envejecido.

Pasado un tiempo le aconsejé:
M- Alfonso como consejo médico te digo que vuelvas a la sociedad, que almuerces como antes y que si te tomas una copa es preferible a empezar a tomar pastillas.
A- No me apetece ir a la sociedad….
Y me relató la situación de salud de alguno de sus amigos, la muerte de otros…

Comencé a pensar que se estaba deprimiendo, junto con los primeros síntomas de una demencia senil, que el accidente, la intervención y la larga rehabilitación habían puesto de manifiesto.

Preocupado porque todo lo tenía que llevar apuntado, por sus olvidos, por su progresivo deterioro, le pregunté a un amigo suyo al que siempre lo he conocido con él:
M-¿Pedro como le ves a Alfonso?
P-¡Mal, pero es un cabrón!. Tiene tanto orgullo que no vale la pena, ¡si será cabezón!
M-Bueno pero ese es Alfonso, no me has dicho nada.
P- ¡Es un tramposo! La última vez le pillamos con dos cartas debajo del culo. ¡A mi ni me saluda!

Al cabo de poco tiempo acude Alfonso y tras liquidar su motivo de consulta le pregunto:
M- Oye me han dicho que hace tiempo que no te ven por el barrio
A- ¡Va, bueno!….cresss, tata…
M- Y ahora ¿como haces para jugar a cartas?
A- Viene algún matrimonio a verme y echamos una partida en casa.
M- ¿En casa con Amparo?
A- Sí.
M- ¡No jodas! ¡Estás mal, pero de verdad!, sin café, sin farias, sin copas…
A- No, café sí.
M- Osea, ¿que te pillan con dos cartas debajo del culo porque se te olvidó devolverlas al mazo, te agarras un cabreo y rompes con el mundo?. Mira Alfonso si echamos una partida tu y yo, me doy por jodido y ya se que pago los cafés y las copas, porque si no me hicieras trampas pensaría que no eres tú, así que quiero que vayas a tu sociedad y les saludes a todos que te están esperando, ¡capullo, que ya vale de tonterías!

…la cebolla oculta con múltiples capas, en lo más íntimo, su poder germinativo.

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