Para empezar por la velocidad de reacción…….

Desde muchos flancos oigo hablar de la informatización del sistema sanitario, la historia clínica informatizada.

En un país como en el que nos encontramos, las 17 empresas monopolísticas (monos) regionalizadas, mantiene desde su constitución una obsesión por situarse en el primer puesto de la informatización de la APs o de todo su servicios sanitarios respectivos.

Es muy interesante ser testigo de este desarrollo, desde la primera contradicción, que no es otra que la diferencia entre la visión de las multinacionales de la informática “appel” o “microsof” de “sofwaer”, que colocan su diseño de programas en las necesidades marcadas por los usuarios y nuestras Monos cuya finalidad de informatización me resultan desconocidas por tortuosas e incomprensibles.

He observado la rapidez de reposición-intercambio del material de sobremesa, ahora cuento con una pantalla extraplana y en poco tiempo creo que llegará la de diseño, incluso recojo opiniones de los pacientes que exclaman: “¡que moderno!”. Pero se desencantan cuando les cuento que entre los cables, que he tenido que cambiar personalmente de la parte trasera del ordenador, encontré uno que pertenecía a un portaaviones de la segunda guerra mundial y que el cable que mantiene el sistema lo robé de otro ordenador, porque llamar a mantenimiento no me garantizaba la sustitución del veterano de guerra, origen de parte de los problemas, esto ya lo había intentado.
Desde estos hechos aprecio el alto valor añadido del material informático visible, cuya rentabilidad se obtiene por la valoración óptica que produce en los votantes-pacientes, por lo que concluyo que el primer objetivo para la informatización de la APs es electoral.

Recientemente he apreciado que han sido inactivados y pasados a históricos enfermedades de mis pacientes, de imprescindible presencia inmediata en su historial y que jamás hubiera imaginado que nadie en su sano juicio hubiera inactivado su presencia y menos sin mi permiso, como responsable de los problemas de salud de mis pacientes. No encuentro mas explicación que un principio, que aplicaron en su día, aquellos que al parecer han sido olvidados de forma interesada: “….el volumen de datos de una historia clínica es demasiado grande como para manejarlo en un banco de datos, con la tecnología actual”(año 97). Somos en nuestro Mono más de 2.000 usuarios accediendo de forma simultánea a miles de historiales, la máquina central no puede, se hace lenta, se tropieza y se cae, para evitar estos acontecimientos es imprescindible aligerarle el peso y la solución es inmovilizar episodios (imaginemos 2.000 ladillas instaladas en el pubis de un mono).
Luego las historias clínicas de mis pacientes son depuradas por necesidades informáticas. Es mas importante la herramienta que aquello para lo que debe servir.
Mandan las necesidades de la máquina, por lo que los informáticos están situados en la cúspide de la pirámide (¡no hay como hacerse imprescindible!).

La reactivación de los episodios es un trabajo añadido a nuestro trabajo, derivado de las necesidades informáticas y generados por los informáticos. Nuestra función no es atender a las necesidades de nuestros pacientes, si no también la de los informáticos.
El sistema no está orientado al usuario, el médico o ATS, sino a “otros”.

Para iniciar la jornada me siento en mi puesto y enciendo la máquina, necesito instalar dos claves diferentes que debo renovar con la periodicidad que el chivato me requiere, pero además el chivato a tomado nota de la hora de comienzo. Por mi parte aprecio la velocidad a la que me permitirá trabajar en la jornada.
(escasa reproducibilidad de la conexión, inestabilidad).
Una vez en la lista, doy entrada al primer paciente de la lista, después activo su historia, para ese momento ya conozco su motivo de consulta y solo tengo tres alternativas, buscar su episodio, buscar su prueba, añadir un episodio nuevo, en el primer caso, si da como para añadir algo vamos bien, si es una continuación ni me lo planteo, ¡paso!; la segunda opción me obliga a buscar la prueba, para cuando se activa ya tengo en la mano la prueba, pero debo esperar y cambiar la situación de la prueba “visto”, apuntado, salir; el problema se plantea con el episodio nuevo, hay que precisar de una lista, con la mayor precisión, cual de ellas es y apunto lo que mas se parece.
(Variabilidad interprofesional, discrecional).
(Precisión frente a incertidumbre, esta es propiedad de la APs)
Las dos últimas opciones han requerido el doble de tiempo que en una consulta normal.

Cuenta muy bien mi hora de comienzo de la consulta, el nº de pacientes al cabo del día, el tiempo con cada paciente, el nº de analíticas, de pruebas complementarias, las interconsultas, las prescripciones, etc.
Por lo que es una herramienta pensada para medir tareas administrativas, conservando en plantillas los datos medidos y depurando al cabo de un tiempo los datos cualitativos.

Cuando quiero ver la historia completa de un paciente me dice que son 168 folios que después de imprimir consisten en hojas llenas de datos repetidos, inclasificables e ininteligibles.
La información es difícilmente recuperable y la cualitativa se pierde.

En la Mono a la que pertenezco están por integrar los resultados de las interconsultas, las pruebas complementarias, las imágenes o la información hospitalaria. Tareas administrativas de suma importancia en la rentabilidad del sistema. La cuantificación de nuestra actividad de primaria está realizada, la del resto del sistema está por hacer.
La gestión no cuenta con información para establecer la correcta relación entre los niveles a pesar del esfuerzo informatizador en primaria con objetivo gerencial, lo que demuestra un error en dicha informatización, bien sea por error en el planteamiento, las priorizaciones erróneas o por incompletas.
La informatización del sistema es incompleta con errores en la planificación y en la elección de las prioridades.
La información no tiene valor gerencial porque sus datos son parciales e incompletos.

Cuando el ordenador pide rellenar una serie de plantillas, todos hemos apreciado que será un sistema de medida de nuestra actividad, de hecho se ha ligado la “carrera profesional” a estas plantillas como una de las variables a contemplar. Existe una inquietud entre los profesionales porque determinados estímulos, días de gratificación, dependen de la correcta cumplimentación de estas plantillas. La solución encontrada es el relleno de las plantillas independientemente de que los datos sean veraces o inventados.
La información recogida es de escasa validez y no discriminativa (efecto perverso del sistema).

Algunos compañeros tiene la esperanza de que de la información contenida en el ordenador se pueda establecer el sistema de medida denominado por AGR, que son unidades de medida de actividad, por poner un ejemplo, las unidades próximas a centros con consultas, tanto da que estas sean públicas o privadas tiene una menor demanda con una mayor utilización de interconsultas, por el contrario los centros más alejados de los servicios generales o especialidades, tienen además de una mayor demanda una implicación mayor en patologías, que bien pudieran ser subsidiarias de servicios especializados. Para diferenciar y valorar estas diferentes cargas se diseñaron los “ACGs”. Los estudios comparativos realizados en EE.UU. han puesto de manifiesto que este sistema de medida requiere un perfecto cumplimiento de los protocolos de registro y en las situaciones ideales alcanzan un reflejo de la realidad de aproximadamente el 50%. No es extensible a nuestra situación actual, porque nuestra presión asistencial condiciona la posibilidad de cumplimiento de las condiciones mínimas, a pesar de ello los positivistas optan por colaborar frente a exigir la mejora de las condiciones.
Tampoco sirve en las circunstancias actuales para mejorar los sistemas discriminatorios de las cargas de trabajo “ACGs”.

Muchas veces les he hecho la demostración a los pacientes de la diferente velocidad de reacción entre la máquina y un humano vulgar como el que escribe, consiste en hacer lo mismo a mano y solicitarlo a la máquina a la vez, supero a la máquina en más de 100 veces, que se eleva a la enésima potencia cuando se bloquea y hay que volver a ponerlo en marcha, esto ocurre con demasiada frecuencia por inestabilidades tanto en el sistema como en la red.
Aunque parezca mentira el sistema informático ha tomado la dimensión irracional de lo imprescindible, amparado en la falacia de que es infalible, aunque nadie reconoce su fragilidad.

Muchos son los que consideran y ven al sistema informático como algo aséptico, neutro o inocente, de alma mecánica y posiblemente tengan razón. En este tipo de sistemas el peligro reside en la introducción de errores sistemáticos. En Medicina cometer errores sistemáticos es relativamente sencillo, bien sea por persistir en usos desacreditados por el propio tiempo, bien por desconocimiento reiterado, etc. En un sistema informático la no validación con pruebas de una “etiqueta”, puede conllevar al error sistemático de consecuencias imprevisibles en el paciente víctima.
En el programa que utiliza nuestro Mono, Osabide, no se requiere ninguna validación para ninguna etiqueta.

Acostumbrados como estamos en primaria a realizar evaluaciones de todo lo que hacemos, llama la atención que desde la introducción del Osabide se han abandonado las evaluaciones y se dejan y confían al sistema las dichosas evaluaciones.
Nadie ha evaluado al evaluador, desde su impacto en el personal o los pacientes, hasta la dedicación en tiempo que precisa, pasando por su validez interna o externa, admitiéndose que como elemento mecánico, no es evaluable.

No entro en valorar la confidencialidad de datos u otras trascendencias que han sido salvadas por una legislación realizada por el legislativo, que a su vez en este pais es el que controla el sistema aberrante de la informatización de la historia clínica.

El deseo de compatibilizar los diferentes sistemas de nuestras MONOS va a dar para muchas carcajadas!!!!

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