Alguna vez nos preguntaremos…….

Del artículo que Juan Gérvas publica en Gaceta Médica de Bilbao, titulado “Malicia Sanitaria” http://www.gacetamedicabilbao.org/web/es/, me voy a quedar con su final, aunque recomiendo su lectura completa.

Prevención cuaternaria
La Medicina puede hacer mucho bien, pero puede también hacer mucho daño, más por acción que por omisión. En este sentido, el médico bien formado, con su recto proceder y con su conciencia viva, es la última barrera que le queda al paciente y a la sociedad frente a una presión que “explota” el deseo inveterado de la eterna juventud (que ya consta en el poema de Gilgamesh, del año 2000 aC), con la exigencia del “todo, aquí y ahora”.
Hablamos de prevención cuaternaria para designar el conjunto de actividades sanitarias que atenúan o evitan las consecuencias de las intervenciones innecesarias o excesivas del sistema sanitario (27,28). Hacer prevención cuaternaria es decir “no” a muchas propuestas francamente indecentes, y ofrecer alternativas prudentes y científicas (la ética de la negativa, y la ética de compartir la ignorancia). Hacer prevención cuaternaria es cambiar el miedo que explota la malicia sanitaria por el bienestar de saber que lo importante es la calidad de la vida.
La prevención cuaternaria no intenta eliminar sino sólo atemperar la medicalización de la vida diaria, pues una parte de la dicha medicalización es ajena al acto médico y tiene profundas razones sociales, culturales y psicológicas. Por ello, aunque suene a retruécano, la prevención cuaternaria sólo trata de evitar o paliar la parte médica de la medicalización de la vida diaria.
Hacer prevención cuaternaria en la consulta es cumplir con el objetivo científico de la Medicina, que busca “la máxima calidad con la mínima cantidad, tan cerca del paciente como sea posible” (29).
Nuestros pacientes son personas, y merecen una atención personalizada, prudente y positiva. La medicalización de la vida diaria se está convirtiendo en un problema respecto a los derechos humanos, y sorprende ver que en la era del refinamiento de la demanda, de la autonomía del paciente y de la libertad de elección, la sociedad acepta casi sin protestas ese abuso contra los derechos de las personas (30).
Las personas sufren como tales, no como cosas a los que algunos robots (médicos maliciosos y/o ignorantes, y/o imprudentes) prestan esa atención sumada y enredada que recomiendan las múltiples guías y los muchos protocolos. Puesto que la calidad es adecuación al uso, no basta con ofrecer calidad extrema a cada problema, sino la calidad necesaria al conjunto de los problemas del paciente, en el lugar más cercano posible al mismo (31). Así se evitan interacciones, efectos adversos y efectos secundarios, y su cohorte de errores sanitarios; así se cuida la “seguridad del paciente”.
Hay que intentar ofrecer, repito, la máxima calidad con la mínima cantidad (de intervenciones), en el lugar más cercano posible al paciente. Hay que ofrecer cuidados de “baja intensidad y alta calidad, con la mínima intervención necesaria, tan cerca del paciente como sea prudente” (29).
En muchos casos, la intervención excesiva se justifica por la “prevención”, en el falso supuesto del “más vale prevenir que curar”. Se demuestra en la prevención secundaria (32), y en la primaria (33,34). Sirvan de ejemplo respectivo el diagnóstico precoz del neuroblastoma (32), y la vacuna contra el virus del papiloma humano (33,34). Precisamos de la prevención cuaternaria ante todo tipo de malicia, bien curativa bien preventiva. Especialmente al empezar una “era de la genética”, cargada de expectativas excesivas (27).
Frente al vicio que uno llamaría “malicia sanitaria”, la virtud de la prevención cuaternaria. Es la mejor alternativa para ofrecer una Medicina cercana, científica y humana. Humana con los pacientes y con los mismos profesionales, pues todos tenemos una “vena maliciosa” a combatir.

El artículo, según cuenta, puede resultar exagerado, no me parece que, en este mundo evolucionado, se pueda considerar lo que describe como exagerado.

En el extremo de la estupidez evolucionista, se sitúan actuaciones como las llevadas a cabo con el pueblo San, y tantas otras etnias, a los que alojan en reservas fuera de su contexto, condenados a la desaparición, bajo la justificación de salvar a los elefantes del parque y su “medio natural”, como si el pueblo San no fuera una especie propia del parque.
Si este pueblo en un momento de su desarrollo consideró y eligió no evolucionar más, cuando consiguió el equilibrio con su medio, ¿Porqué y quién considera que estorba?

Como dice el refrán de “…de las barbas de tu vecino”, no podemos rasgarnos las vestiduras porque se nos considere a los mortales, “pura carne mercantil”, destinada a mantener un engendro económico y a sus enfermos como “carne de cañón” que alimenta la insaciable industria evolucionada y desarrollada, que urga en el sufrimiento y se apoya en el miedo para ofrecer las nuevas “enfermedades inventadas” y así vender a los miedosos evolucionados sus más modernas alternativas.

El final de Gérvas me recuerda un verso de Leonard Cohen:
“………debemos luchar con el fascista que llevamos dentro.”



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