De la información y sus herramientas

Leía el otro día un post de Rafa Bravo que publicaba en su blog el 3 de abril, en el que expone sus agudas críticas a la tan abundante publicación en soporte papel ya bien iniciado el XXI y su queja de tanto dinosaurio vende papeles.
Como buen documentalista maneja la herramienta con soltura envidiable, este “primarista” (término con el que nos conocen los “especialistas”) ejemplar, al que en muchas ocasiones le he escuchado no comprender la irracinal imposibilidad para poder explotar la información acumulada, en todos estos años, en tantos y tantos ordenadores, que presumen de usar la historia clínica informatizada, para responder a preguntas tan simples como “¿Cuántos de los usuarios de IECAs desarrollan tos durante su tratamiento?
Y comparto con él que esa simple información está a un golpe de tecla, pero no podemos.

Al día siguiente, otro insigne “primarista” y amigo del primero, nos invitaba a los del Foro MEDFAM a visitar una publicación en papel y en pdf abierto “Gestión Clínica y Sanitaria”, que nunca había visitado.
Se trata de una publicación de abstracs de artículos publicados y revisados sistemáticamente en otras revistas con un comentario del artículo por parte de uno de los redactores.

Reparé en su editorial:
La productividad de los servicios sanitarios en un contexto de recursos –aún más– limitados: implicaciones para la toma
de decisiones
, cuya lectura recomiendo.

Aunque destacaría todo el editorial, quiero retener la última frase.
En definitiva, para una sociedad moderna, democrática y
que debe exigir que los políticos y las organizaciones rindan
cuentas, se hace imperioso un proceso transparente
de toma de decisiones en relación a la asignación de recursos
públicos. La ciudadanía debería saber qué servicios
sanitarios están pagados con dinero público y cuáles no, y
las razones –de efectividad, de eficiencia, de equidad– para
ello. Esto debería ser tan claro como que estuviera en la
página web del Ministerio de Salud o del departamento de
salud correspondiente. La transparencia haría difícilmente
justificable continuar pagando con dinero público tecnologías
poco efectivas, o con sistemas de financiación obscuros.”

De su apartado Organización…….., me llamó la atención el siguiente artículo: Un papel sobre la ausencia de papel. Las mismas rutinas con distintos ratones.

Cuya conclusión es:

A pesar de que el uso de sistemas de Historia clínica electrónica es
valorado como muy útil, muchas de las rutinas permanecen inalteradas
limitando la potencia de los nuevos sistemas de información.
Más importante que eliminar el papel en sentido literal, es modificar
las rutinas para permitir obtener el máximo beneficio de las herramientas
electrónicas.

Pero el redactor, que no es cualquiera, en su crítica va mucho más allá y manifiesta:
Están realizando inversiones millonarias en
soluciones –así las llamamos– para mejorar la actividad clínica. Es
necesario pensar que las herramientas aportan tanto valor como
desde las propias organizaciones seamos capaces de incorporar a
sus tripas de código, ni una gota más. No tomarán decisiones que
no hayamos programado o solucionarán ineficiencias que no hayamos
detectado y que hayamos previsto resolver, tampoco responderán
a preguntas que no hayamos sabido formular.
El cambio organizativo y cultural en la implantación de las herramientas
es más complejo que convencer a los usuarios de las ventajas
de las aplicaciones si estas realmente las tienen. Algunos deberán
cambiar la actividad que han realizado hasta ese momento
porque simplemente desaparecerá (trasladar solicitudes o documentos)
y este cambio debe estar previsto, claramente liderado y
comunicado. Realizar una solicitud electrónica que debe ser impresa
para que siga siendo trasladada físicamente es complicar las
cosas, no facilitarlas. De la misma manera no tiene mucho sentido
condicionar el diseño de las aplicaciones a la necesidad de explotación
de información agregada por parte de la organización, dado
que lo más probable es que si la herramienta es usada de forma
intensiva por las ventajas que ofrece en la actividad diaria, se disponga
de tanta información que lo difícil será seleccionar y saber
qué queremos saber, o sea, lo mismo que ahora. La fascinación
del brillo de las pantallas, de las redes wifi, o del mundo a un clik
no debe ocultar que nuestras organizaciones hipercomplejas deben
revisarse y aprovechar el salto tecnológico para impulsar cambios
organizativos que el papel limitaba. Si no, para hacer lo mismo pero
peleándonos con el ratón no hacían falta estas alforjas.

Rafael Sotoca Covaleda
Sistemas de Información. Consellería de Sanitat. Valencia

Más adelante reparo en el apartado calidad y fui cazado por el siguiente título: Historia clínica electrónica, necesaria pero no suficiente.

Finalizando los autores del estudio:

La presencia o ausencia de HCE
“per se” no mejora la calidad asistencial, para mejorar su efectividad
se deben incorporar ayudas específicas de decisión.

Y la redactora en este caso también se extiende en su comentario:

El presente estudio no encuentra asociación entre la utilización
de los registros médicos electrónicos y la calidad asistencial de
las patologías seleccionadas. Aunque escasos, encontramos algunos
estudios sobre calidad asistencial en diferentes patologías
e informatización con resultados dispares (1-3). Esta disparidad
puede deberse a los diferentes diseños utilizados, a las patologías
analizadas, así como a los indicadores utilizados como
medidas de valoración de la calidad asistencial y a los diferentes
sistemas de informatización analizados.
La implantación de la Historia clínica electrónica en nuestro medio
es relativamente reciente y no existen estudios que valoren
los sistemas más efectivos para mejorar los resultados en salud
de la población. En lo que todos los autores parecen coincidir es
que los sistemas de ayuda a la toma de decisiones, tales como
recordatorios electrónicos, alertas farmacológicas, solicitud de
analíticas por perfiles, etc… son los componentes electrónicos
que mejoran la calidad asistencial y no la mera informatización
de la información de la Historia Clínica.

Victoria Gosalbes Soler
Médico de Familia, C.S. Salvador Pau, Valencia

En las mismas fechas un compañero me picó la curiosidad hablándome de los ACGs y su importancia en nuestra práctica, así que me dirigí a mis ACGs por ver como estaba y pude ver además de los míos los de otros.

La primera conclusión que saqué es que mi forma de registrar es caótica e inútil, a la vista de mis resultados en ACGs, a pesar de los varios “cursillos” que he recibido, con el afán de conseguir de mí la aproximación a la conveniente media. Interpretado de otra forma, hay que registrar en función del interés del propietario del programa.

La segunda era que la forma en la que se me solicita que registre refleja una concepción de la enfermedad que es totalmente opuesta a la mía. Mientras se me solicita que cada evento sea considerado como proceso aislado, episodio codificado por CIE-9, para que posteriormente para mantenerlo activo, lo clasifique o periódicamente aplique sobre el evento alguna actividad, de lo contrario el episodio desparecerá en los espacios inactivos o históricos y no será considerado para el cálculo de mis ACGs.
Por el contrario mantengo que la enfermedad tiene un comienzo y un evolutivo, siendo los eventos posteriores consecuencia del episodio inicial y todos ellos parte de la misma enfermedad, de tal manera que el paciente será fumador inicialmente y su cáncer de vejiga una consecuencia de su hábito tóxico, todos ellos también clasificados con CIE-9 deberán colgar del mismo episodio, porque forman parte de la misma causa y son su consecuencia, la misma enfermedad. Deberán de permanecer activos y sólo algunos procesos agudos abtiene el alta y su pase a inactivos o históricos

Las dudas comienzan con:

¿Es imprescindible para el cálculo de los ACGs registrar de esta manera que se me aconseja?
La respuesta es un rotundo ¡NO!
El programa para el cálculo de los ACGs debe estar diseñado para buscar sus variables independientemente de la forma en que se registre.

¿Cuál es la prioridad del programa que utilizo?
Los ACGs son dependientes de los registros, de la misma manera que unos buenos ACGs se soportan, modulan y estimulan la mejora en los registros.
Pero esto no significa que el producto, ACGs, sea antes que la condición previa, registro, ya que si así fuera en realidad la historia clínica estaría sesgada y dirigida por su producto, los ACGs.

¿Supone un auxiliar eficaz y eficiente a mi actividad?

¿Tiene algún impacto en la salud de los pacientes?

¿Está dotado de las herramientas que mejoran la salud de mis pacientes?

Las respuestas a estas preguntas están contenidas en la revisión que los artículos expuestos.

Me contaba un compañero que tiene un paciente alemán cuyo padre falleció de cáncer de colon que cuando cumplió los cuarenta comenzó a recibir todos los meses un SMS en su móvil recordándole que tenía pendiente hacerse una colonoscopia y no cesó hasta que la hizo, preguntó si aquí había algo parecido.


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