Y pensé: “¡no entiendo a las mujeres!”.

Como siempre para evitar indiscreciones la paciente es María y su esposo José.
Se trata de una entrañable pareja de analfabetos, cuando ella declara: “…no lo escriba que no se leer, haga una marca.” Y él lo disimula descubriendo: “…el periódico, pero si ya no veo nada”.
Octogenaria ella y un lustro menor él. Su origen en las dehesas extremeñas, expulsados a la búsqueda de mejores horizontes, cuando describen el hambre que ellos pasaron, pero aún recuerdan su pueblo y son amigos de sus amigos.
María sale de una enfermedad que suele cursar lenta pero de evolución favorable, que en ella se ha hecho más larga por su evolución tortuosa; lo ha pasado mal.
Ambos acuden a la consulta a la revisión de María, que está muy contenta por lo bien que se encuentra, enseguida me doy cuenta que José está inquieto.

Después de explorar a María que además me enseña la cicatriz ya cerrada, comienza a vestirse detrás de José que inclinándose sobre la mesa me dice:
José(J)- Dostor, porque tú eres nuestro dostor, ¿qué tal está mi María?
Medico(M)- Mejor, solo hay que verle la expresión de la cara, esta es casi la María de siempre.
J- Pero dostor, porque tu eres nuestro dostor, yo he estado mucho tiempo con el cuerpo como muerto y la he “respetao”, pero ahora es que se me alegra el cuerpo, sin hacer nada se me alegra…
Mientras José sigue hablando María se ha colocado a su espalda y me hace gestos de negación con la cabeza y por si no he entendido el mensaje comienza a agitar los brazos, ora el uno, ora el otro, al final consigue abrocharse la blusa y se sienta junto a José que continúa su relato.
….se me alegra y uno quiere saber si puede o no tener relación con su mujer, porque tú eres nuestro dostor.
M- Pero José, aunque María está mejor, no está curada…
María(Mar)- Eso, eso, ¡que yo no le he dicho que no nunca, eh!
J- Pero las necesidades del marido…
Mar- (en voz baja, que justo llego a oir) ¡Pues que se vaya con la negra!
M- Bueno antes de nada, creo que es conveniente que tratemos este tema por separado, un día vienes tú y al día siguiente María, después hablaré con los dos.
J- Yo le estoy consultando a nuestro dostor….
M- ¿Os parece bien?
Pasados unos días y ya habiendo pasado José acude María.
M- María lo de la negra una tontería, nada que te pueda inquietar.
Mar- Ya sabía, pero es que le da por pagar cafés a todo el mundo…
M- ¿Y tú que me dices?
Mar- Yo bien, le digo que nunca me he negado.
M- Ya María pero con la edad eso se seca y puede ser irritante, podría darte una crema que te ayudaría.
Mar- ¡No, no, yo no me pongo nada!
M- ¿Pero tú como te lo pasas?
Mar- ¡Bien, me lo paso bien!. La verdad es que tampoco soy….., como mi amiga…..
M- ¿Cómo?
Mar- Como una amiga. Es que tengo una amiga del pueblo que vive en Vitoria y se quedó viuda hace muchos años, cuando éramos jóvenes y cuando fuimos al funeral se me echó a llorar y me decía: ¡Ay María! que voy hacer, que voy hacer ahora……….., ¡me meto puta!. 
Luego encontró pareja y se volvió a casar.
Y pensé: “¡no entiendo a las mujeres!”.

Dedicado a Luis Lozano.

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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